Es muy lógico, a la vez significativo, que el Génesis nos describa en la misma relación la creación del ser humano y su vocación. Puesto que Dios creo a la persona inteligente y libre, debía darle necesariamente la meta o destino donde dirigirse en su desarrollo y realización. La vocación de todo ser humano, según el texto bíblico, tiene una doble dimensión: temporal y eterna; humana y divina. Pero ambas están, en el plan de Dios, vital y existencialmente integradas.
VOCACIÓN HUMANA Dios creó al ser humano para
“multiplicarse y dominar la tierra”. –Esta es la vocación llamada temporal o
natural de la persona humana.
VOCACIÓN DIVINA Dios también creo al ser humano para “ser
su imagen y semejanza”. –Como Dios dejo al ser humano que completara la
creación, mayormente quiso que perfeccionara su imagen divina (Mt 5, 48). El
ser humano está llamado a alcanzar a Dios y, dice el Vaticano II, “para un
destino feliz situado más allá” (GS 18). Ser persona es sobreseirse. “ser
persona es tender a ser Dios” (Sartre). “el hombre es más que hombre: el hombre
supere infinitamente al hombre” (Pascal).
VOCACIÓN INTEGRAL La vocación natural y sobrenatural se
integran en una sola: “la vocación divina” (GS 22). –Como la circunferencia,
signo de la unidad, no puede tener más que un centro, tampoco la unidad
funcional del hombre puede tener dos vocaciones. Entre la vocación natural y
sobrenatural existe una relación directa y completoria.
A la manera que el cuerpo y el alma se identifican
existencialmente, y como los dos pulmones actúan para una misma respiración,
así sucede con las “vocaciones”. El ser humano tiene perfecta conciencia de esa
unidad personal.
“la vocación universal del ser humano es la
santidad” (LG cap. 5). Dicho en otras palabras: es salvarse. Identificarse con
el mundo para llevarlo y consagrarlo a Dios.

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