miércoles, 28 de octubre de 2020

SÍNTESIS

 


Preguntaron a Miguel Ángel cómo trabajaba sus estatuas para que salieran tan bellas. Y explicó:

 Es muy fácil. En cada bloque de mármol Dios ha puesto una figura muy hermosa, basta labrar el mármol para que despierte y aparezca.

En la medida en que la persona realice su vocación y sea uno mismo, será más feliz. Realizar la vocación es gustar el gusto sustancial de la vida.

Ortega y Gasset dice que “la felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación”, y que “al malhumor insistente es un síntoma demasiado claro de que un hombre vive en contra de su vocación”.

El mundo, un mar; y eso es la vida, una navegación, una aventura en el mar. Cristo, mostrando un día la barca, dijo a Simón: “¡Boga mar dentro!” (Lc 5, 4). La vida no es pasarla tirado en la playa, bronceándose.

Cristo se ofrece a navegar con nosotros.  Nos ofrece el timón y este es el emblema de la vocación y podemos llevar el barco donde queramos, hemos de confiar en Dios y en su plan para cada uno.


domingo, 25 de octubre de 2020

TODA VOCACIÓN ES UN GERMEN

 


La vocación esencialmente es un principio dinámico y vital que Dios ha sembrado en nosotros. La palabra “gérmenes de vocación” es muy propia del Vaticano II, que proclamo “la altísima vocación del ser humano y la divina semilla que en este se oculta” (OT 3, GS 3). La vocación es un germen de bondad, de verdad y de gracia que todos llevamos: una aspiración a la grandeza (Mt 13).

¿Quién hay que pueda llegar a conocer todas sus posibilidades de acción y de logro y prever hasta donde es capaz de llegar, si se lo propone en la vida? Nadie.

¿Quién hubiera podido adivinar unos años antes todas las hazañas que han sido capaces los grandes hombres?

 Gustavo Bécquer ha dedicado un soneto famoso a este tema. El poeta compara el genio y la vocación a un arpa:


Del salón en el ángulo oscuro,

 de su dueño quizá olvidada,

           silenciosa y cubierta de polvo

           veíase el arpa.

Cuantas notas dormían en sus cuerdas,

           como el pájaro duerme en las ramas,

           esperando una mano de nieve que sepa arrancarlas.

 ¡Ay!, pensé, cuantas veces en el genio

 así duerme en el fondo del alma,

            y una voz como Lázaro espera

que le diga: ¡Levántate y anda!

Dichosa la persona que en el camino de la vida encuentre esa mano de nieve, la persona inteligente y amiga, el orientador, capaz de comprenderle y descubrirle todas las maravillas que una autentica vocación encierra.


domingo, 18 de octubre de 2020

LA VOCACIÓN TEMPORAL DEL HOMBRE

 


En la publicación anterior dijimos hablamos de la vocación fundamental y dentro de esta vocación fundamental común hay que ubicar la vocación particular de cada uno de nosotros. Como no hay dos personas iguales, no se dan dos vocaciones iguales. En la vocación está la clave de la personalidad: nuestra originalidad.

Lo importante, desde luego, es que cada uno descubra cual es su sitio y misión en la vida y se realice en el con autenticidad. ¿Qué significa “realizarse”? es desarrollar los valores de la propia vocación. Ubicarse en el espacio-tiempo y conseguir plenamente su talidad, su mismidad.

Estas son aspectos a validar para descubrir esta vocación:

1-         1- La vocación personal la determina primeramente las cualidades y aptitudes                         personales.

        2- Por las disposiciones interiores, por el proceso y argumentos de motivación que se             aducen para aceptar una vocación particular.

3-       3- La vocación está además en orden a las gracias actuales recibidas. Correspondiendo         con fidelidad a la gracia de Dios se nos ira abriendo y aclarando el camino. La vocación         mas que un conocimiento del fruto es una correspondencia amorosa al presente de la             voluntad de Dios. El mañana se prepara hoy.

4-      3- La vocación se conoce conforme se va realizando. Cada señal lleva a la señal siguiente.     Al irlas realizando se van descubriendo nuevas metas y mayores cimas, se hace camino al     andar” (Machado).

La vida no es una tómbola, un juego de azar. Allí donde Dios nos ha sembrado tenemos que florecer. Lo importante es que vocación e ideal siempre coincidan.


domingo, 11 de octubre de 2020

LA VOCACIÓN COMÚN FUNDAMENTAL DEL SER HUMANO

 

Es muy lógico, a la vez significativo, que el Génesis nos describa en la misma relación la creación del ser humano y su vocación. Puesto que Dios creo a la persona inteligente y libre, debía darle necesariamente la meta o destino donde dirigirse en su desarrollo y realización. La vocación de todo ser humano, según el texto bíblico, tiene una doble dimensión: temporal y eterna; humana y divina. Pero ambas están, en el plan de Dios, vital y existencialmente integradas.

VOCACIÓN HUMANA Dios creó al ser humano para “multiplicarse y dominar la tierra”. –Esta es la vocación llamada temporal o natural de la persona humana.

VOCACIÓN DIVINA Dios también creo al ser humano para “ser su imagen y semejanza”. –Como Dios dejo al ser humano que completara la creación, mayormente quiso que perfeccionara su imagen divina (Mt 5, 48). El ser humano está llamado a alcanzar a Dios y, dice el Vaticano II, “para un destino feliz situado más allá” (GS 18). Ser persona es sobreseirse. “ser persona es tender a ser Dios” (Sartre). “el hombre es más que hombre: el hombre supere infinitamente al hombre” (Pascal).

VOCACIÓN INTEGRAL La vocación natural y sobrenatural se integran en una sola: “la vocación divina” (GS 22). –Como la circunferencia, signo de la unidad, no puede tener más que un centro, tampoco la unidad funcional del hombre puede tener dos vocaciones. Entre la vocación natural y sobrenatural existe una relación directa y completoria.

A la manera que el cuerpo y el alma se identifican existencialmente, y como los dos pulmones actúan para una misma respiración, así sucede con las “vocaciones”. El ser humano tiene perfecta conciencia de esa unidad personal.

“la vocación universal del ser humano es la santidad” (LG cap. 5). Dicho en otras palabras: es salvarse. Identificarse con el mundo para llevarlo y consagrarlo a Dios.


domingo, 4 de octubre de 2020

LA RAZÓN DEL SER HUMANO ES SU VOCACIÓN

 

La fe cristiana ha tomado de la Escritura la definición del ser humano como “imagen de Dios”, haciendo de ella una categoría fundamental de lo humano (cf. Tema 21). Pero una antropología teológica de la imagen no puede concebir esta de modo estático y atemporal. El concepto de imagen de Dios es dinámico, procesual, histórico. El ser humano realiza este destino icónico o deiforme a lo largo de una secuencia cuyos hitos, según la lectura cristiana de la Biblia, son: la imagen formada (doctrina de la creación), la imagen deformada (doctrina del pecado), la imagen reformada (doctrina de la justificación y de la gracia), la imagen consumada (escatología). Como vemos, el sustantivo “imagen” siempre se conserva. ¿Por qué? Porque sea cual sea el estado en el que se encuentre el ser humano frente a Dios, nunca dejará de ser lo que Dios ha querido que sea: imagen suya (cf. GS 12). Esta es la determinación originaria humana, una determinación teologal que le hace abierto a un Tú trascendente que le ha dado un origen y un rango ontológico y axiológico superior al resto de seres mundanos. La razón más alta de la dignidad humana consiste precisamente en esta llamada a la comunión con Dios.

Nadie puede decir qué es el hombre sino uno mismo. Siempre que nace un niño, como en el nacimiento del Bautista, se abre un interrogante sobre su cuna: “¿qué será este niño?” (Lc 1, 66). A través de su vida el ser humano va despejando esta interrogante. Todos venimos al mundo con una vocación de destino a realizar. En la forma que cada ser humano vaya realizando su vocación conseguirá tener la imagen o definición de sí mismo, la vocación da las razones para vivir. La vocación es poder decir sí o no a la vida, Dios da el nombre y cada uno se pone el apellido.


SÍNTESIS

  Preguntaron a Miguel Ángel cómo trabajaba sus estatuas para que salieran tan bellas. Y explicó:   Es muy fácil. En cada bloque de mármol...