Preguntaron a Miguel Ángel cómo trabajaba sus
estatuas para que salieran tan bellas. Y explicó:
Es muy fácil. En cada bloque de mármol Dios
ha puesto una figura muy hermosa, basta labrar el mármol para que despierte y
aparezca.
En la medida en que la persona realice su vocación
y sea uno mismo, será más feliz. Realizar la vocación es gustar el gusto
sustancial de la vida.
Ortega y Gasset dice que “la felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada
hombre tiene singular vocación”, y que “al
malhumor insistente es un síntoma demasiado claro de que un hombre vive en contra
de su vocación”.
El mundo, un mar; y eso es la vida, una
navegación, una aventura en el mar. Cristo, mostrando un día la barca, dijo a
Simón: “¡Boga mar dentro!” (Lc 5, 4). La vida no es pasarla tirado en la playa,
bronceándose.
Cristo se ofrece a navegar con nosotros. Nos ofrece el timón y este es el emblema de la
vocación y podemos llevar el barco donde queramos, hemos de confiar en Dios y
en su plan para cada uno.






